viernes, 19 de octubre de 2012

No todos somos iguales






Dentro de un rato me voy de viaje a una provincia vecina: Entre Ríos. La verdad que no sé por qué o para qué es necesaria mi presencia pero bueno, 'donde manda capitán no manda marinero'. El 'don' Lucchessi me dijo que lo acompañara, así que no tuve opción de elegir y le tuve que decir que si. Pero no vamos solos, va el tipo que hace de chofer-secretario-guardaespaldas y otro que hace de secretario-guardaespaldas. Y yo. Que vengo a hacer de 'ché pibe' (el pibe de los mandados) y cuál es mi función no sé, pero voy.

De todos modos, como no pude elegir, no me quedó otra que decir que sí. Debe ser algo relacionado con algunos negocios o algo por el estilo, porque vamos y volvemos en el día. Pero me gustaría saber 'cuál 'pito' (silbato) voy a tocar' (cual será mi función). Pero no tengo más precisiones, a no ser que el 'don' haya descubierto mi relación con el Gasti, además de la que tengo con la Agus y el Matius, y el viaje sea una buena excusa para mandarme a 'dormir con los peces'... jeeeee...

Así que mientras pase lo que tenga que pasar, les dejo este posteo. Sé que de alguna maneras las palabras identifican al género humano y nos identifican. Y pienso que el sentirme enjuiciado todo el tiempo por la sociedad o por mi entorno más cercano es demasiado. O lo que es peor: acomodarme al capricho de los demás sólo para agradarles o evitar su juicio sobre mi homosexualidad, es un signo de debilidad de la personalidad. Y como dijo Almafuerte: 'las estrellas no quieren brillar... brillan'. 

Así que por eso acá les dejo un breve cuento, que le gusta contar a mi abuelo y que explica el por qué, además, es totalmente absurdo seguirse por el juicio de los otros o sea el juicio exterior. Se llama 'El viejo, el niño y el burro', es una fábula y espero que les guste.



EL VIEJO, EL NIÑO Y EL BURRO.

Resulta que iba un hombre muy viejo sentado en un burro cargado de leña, y a su lado, caminando, un niño pequeño. Bajaban por el camino que llevaba al pueblo, a intercambiar la leña por mercancías que necesitaban.

Pasando los tres por el camino, se encontraron de frente a un grupo de vecinos, a los que luego de saludar y cuando la gente ya estaba pasando, les escuchó comentar indignados:
- ¡Qué barbaridad! ¡No hay vergüenza! ¡ Mire que siendo un hombre adulto, fuerte como se lo ve, permita que el niño camine mientras él va tranquilamente sentado sobre el burro! 

Entonces, el hombre se bajó del burro y lo montó al niño. Poco después, se cruzaron con otras personas, de cuyas voces se escucharon: 
- ¡ Pobre hombre, viejo y caminando! ¡ Y el niño, rebozante de juventud, montado en el burro! 

Entonces, el hombre volvió a montar el burro, sólo que esta vez sin desmontar al niño. Alguien a quien cruzaron en el camino, después de saludarlo, lo escucharon protestar entre dientes: 
- ¡ Qué desgraciados, los dos montados en un burro cargado! ¡Están matando al pobre animal! 

Entonces, el hombre desmontó y también desmontó al niño. Unos pasos más adelante, cuando llegaron al pueblo, oyeron risas y comentarios como éste: 
- ¡ Qué par de tontos! ¡ Teniendo burro y ellos van caminando!


Moraleja: cuando nos convertimos en otros para complacer a los demás no sólo nos traicionamos íntimamente a nosotros mismos, sino que además nunca vamos a complacer a todos...



Les gustó? Espero que sí. Está bueno y tiene mucha razón. Así que yo, como el tipo del burro, le sigo dando pa' delante y que nadie se espante! jeeeeeee... chauuuuuuu...!!!



2 comentarios:

  1. Me ha encantado esa historia del viejo y el burro puesto que algo así era lo que no acerté a transmitirte en mis últimos comentarios. Acomodarse a las exigencias de tu entorno no resuelve nada, siempre habrá quien lo vea mal, por eso vale la pena ser tu mismo, no renunciar a nada de lo que eres, como anunciabas en tu post "fantasia".

    Espero que tus paranoias no tengan nada que ver con la realidad de ese viaje y que lo disfrutes.

    Un abrazo.

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  2. Me encanta esa fábula. Cuando era niño mis padres nos compraron un disco (de los antiguos) con cuentos y uno de los cuentos era este del burro. ¡Qué buenos recuerdos! Y como eran cuentos con moraleja, de paso siempre aprendíamos algo escuchándolos. La de noches que pasé escuchando cuentos en la cama, hasta quedarme dormido jejeje

    ¡Abrazos!

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