viernes, 23 de septiembre de 2016

Obviedades




Titulé así esta entrada porque me pareció el título justo porque se cae de maduro que era por demás de obvio cómo tenía que reaccionar ante esa situación. Me cuidé tanto desde que me sentí atraído por el Sebi por allá cuando yo tenía 13 años y él apenas 11, que reconocerle mi homosexualidad a un 'pendejito' por mucho que me calentara había un largo trecho. Era obvio que no lo iba a hacer. Y era obvio que no iba a salir del 'clóset' justo en el colegio. Era obvio, que no iba a 'borrar con el codo, lo que tanto me costó escribir con la mano' y las obviedades seguían... 

El beso que Gonzalo me dio en la boca me tomó de sorpresa. Yo esperaba, quería, ansiaba trabajar con la problemática de los chicos gays, desde que sentían que su orientación sexual los desestabilizaba. Esa problemática fue la que me llevó a querer ser psicólogo. Un poco para sacarle la angustia que presenta un niño/adolescente cuando comienza a sentir esa atracción irrefrenable física y emocionalmente hacia personas de su mismo sexo. A mí me había pasado y lo había vivido sin grandes ansiedades y angustias. Y quería (quiero) que eso pase con todos los chicos gays.

Era obvio que no debía ni tenía que reaccionar a ese beso que me había dado Gonzalo. Aceptarlo sí pero devolverlo, no. No podía dejar que Gonzalo encontrara una respuesta positiva de mi parte. Tampoco rechazarlo. O escandalizarme, para no perder la confianza que Gonzalo había depositado en mí. Por otro lado, aunque no esperaba ese beso, me había gustado y me hubiera gustado devolvérselo a Gonzalo con más pasión. Incluso, atrayéndolo más y acariciando sus nalguitas todavía vírgenes. Todo eso pasó en mi mente en los segundos que duró el beso. Pero me contuve. Por suerte.

A veces pienso, si estoy en condiciones de ser psicólogo porque no logro la objetividad que tiene que caracterizar a todo psicólogo. Claro que hasta ahora, todas las vivencias fuertes por las que pasé, mucho o poco estuve 'inmiscuido' (afectado) en ella. Y siempre mi subjetividad estuvo presente. Desde que quise ser psicólogo para ayudar a chicos y adolescentes gays pensé en el momento en que me enfrentaría con uno cara a cara y cuál sería mi reacción. Claro que nunca pensé que una situación así aparecería tan pronto ni tampoco de la manera como apareció.

De ahí que aún sin haberme recibido y sin tener la base que da la experiencia y que debería tener una persona para enfrentarse a un 'paciente' (chico/adolescente) que está descubriendo su sexualidad, me enfrenté a lo que tanto ansiaba. Claro que la situación no era la ideal. Yo no tengo más que las generalidades que da la formación de la carrera e incluso, no tengo las técnicas ni las estrategias para enfrentarme al problema que me planteaba Gonzalo. Para peor, yo era el centro de su pasión/amor. Un verdadero 'combo' que ponía a prueba mi capacidad.

Obviamente, que tuve que responder y así lo hice pero no desde el punto de vista 'profesional' sino desde el punto de vista 'personal'. Una respuesta lógica pero intuitiva, tratando de encontrar el equilibrio necesario para abordar esa temática y tratar de buscarle una salida que fuera positiva para todos. Además, Gonzalo, necesitaba: no una terapia de años sino una respuesta inmediata. Así que acepté pero no devolví el beso de Gonzalo. Después y ante la expectativa del 'pibito', le dije que aceptaba su gesto de amor hacia mí pero que también pensara en lo que estaba sintiendo.

Y a continuación se desarrolló un diálogo más o menos así:

Yo: mirá, yo te agradezco que sientas por mí, lo que decís que estás sintiendo. Yo no te voy a rechazar por eso ni nada por el estilo. 

G: está bien... no te 'calentaste'? (enojaste)...

Y: no, no me enojé, aunque creo que lo que estás sintiendo por mí, esa 'atracción' que vos decís que sentís, se debe a que intimamos mucho, me contaste muchas cosas que ni a tu papá ni a tu mamá nunca le contaste. Y como te sentís bien conmigo, hablando de muchas cosas y todo eso, creés que se despertó en vos una 'especie' de atracción hacia mí. Puede ser?

Gonzalo: sí...  

Y: incluso, vos me dijiste, que el año pasado y que este también, te gustaban algunas chicas de tu curso y del otro curso también, no? O sea, que gay no sos. A lo sumo, 'bi'. Sabés que es un 'bisexual'?

G: sí, obvio...

Y: bueno, así como no es malo ser 'heterosexual', tampoco es malo ser 'bi' o gay. Lo malo es creer que está mal que una persona se sienta atraída de otra persona aunque sean del mismo sexo. Y no está mal sentirse atraído. Lo que está mal, o mejor dicho, lo que no está bien, es no saber que tipo de sentimiento es el que tenemos por esa persona. Porque ese sentimiento puede ser amor, cariño, afecto, admiración, amistad o agradecimiento.

G: ...

Y: y acá viene lo más difícil: descubrir cuál es nuestro verdadero sentimiento. Vos decís que te sentís atraído por mí. Pero pensaste si esa atracción es de amor, cariño, afecto, admiración, amistad, agradecimiento o qué. Vos pensaste esto?

G: no, la verdad que no. Yo creía, no sé, la verdad que no sé qué creía...

Y: incluso dijiste que vos creías que yo también sentía algo por vos...

G: y sí... me parecía que sí... 

Y: y no te equivocaste, yo te digo que sí, que siento 'algo' por vos. Siento afecto. Me gusta tu personalidad, tu forma de ser, porque más allá de que te estás comportando mal y no estudiás y todo eso, creo que, en el fondo, sos un muy buen chico, como me lo demostraste hasta ahora. 

G: sí? 'posta'? (verdad?) 

Y: sí, porque el hecho de que tengas mala conducta y no estudiés es otra cosa. Esa es tu parte negativa pero vos me mostraste tu parte positiva y es la que a mí me gusta. Obvio que estaría bueno que fueras mejor en todo, pero esa es una decisión personal, entendés?

G: sí...

Y: bueno, pensá si esa atracción que sentís por mí, es amor o cariño o afecto o admiración o amistad o agradecimiento o qué. Lo importante es tener bien en claro los sentimientos que tenemos hacia las personas que nos rodean para estar bien nosotros y para que las otras personas sepan también qué es lo que pueden esperar de nosotros. Lo que se tiene que dar, se va a dar, antes o después, pero se va a dar. Aunque también puede pasar que la otra persona, la destinataria de tus sentimientos, no comparta lo que vos sentís. Pero te repito, creo que lo más importante, es que vos no tengas dudas de tus sentimientos. Entendés?

G: está bien... puede ser que yo no la tenga 'clara'... y que estaba confundido pero ahora me re confundiste... no sé bien que es lo que siento por vos... yo creía que... bueno, creía que... no sé que creía...

Y: está bien... no importa. Tu confusión es natural y lógica y yo voy a 'estar' siempre cerca tuyo porque sé que tus sentimientos hacia mí, son verdaderos, sinceros y profundos aunque no tengas en claro qué es lo que sentís. Sí me gustaría que pienses en esto y que aclares ese sentimiento hacia mí. Mientras tanto, otro día, podemos seguir conversando sobre tus problemáticas en el colegio, en tu vida o de 'bueyes perdidos', eso, como quieras, porque podemos hablar de cosas importantes o de cosas intrascendentes. Te parece?

G: sí, está bien...

Y: entonces, vamos a ver si hablando más podemos conocer que sentimientos tenés hacia mí y como podemos resolver tus otros problemitas?

G: sí, está bien, lo que pasa que vos me entendés y me hablás de una manera diferente, que me hace pensar y ver las cosas de otra manera...

Y otra vez, se levantó de la silla, rodeó nuevamente mi escritorio y me dio un beso en la mejilla, gesto/costumbre tan característico nuestro para demostrar afecto hacia esa persona. Me sonrió y me dijo que yo era un buen 'loco' (persona). Íntimanente, me hubiera gustado, abrazarlo, acariciarlo, besarlo y decirle lo mismo que le dije pero acentuando la parte sexual, porque mi lado pedófilo/gay sigue tan intacto como siempre, pero esta vez, 'actué', porque no fue más que una actuación digna del mejor actor hollywoodense, como un pseudo psicólogo. Esta vez pude separar mi subjetividad de la objetividad. No sé si la voy a poder separar siempre. Espero que sí. Al menos, dentro de mi consultorio... jeeeeee...




sábado, 17 de septiembre de 2016

Gonzalo



Por primera vez, desde que trabajo en el colegio, el Director General, antes de las vacaciones de invierno, me llamó a su despacho. Me dijo que aunque habíamos acordado que hasta que no me recibiera no iba a trabajar como psicólogo del colegio, estaba pensando en la posibilidad de cambiar eso. Se trataba de un 'pibito' del secundario con el que estaban teniendo algunos problemas a los que no le encontraban solución. Ergo me pidió ver si yo podía hacer algo para ayudarlos. 

El pibito reunía ciertas características que lo hacían especial: primero de todo, era hijo único con todo lo que eso significa. Un verdadero 'hijo de mamá' (consentido), de 14 años, a veces maleducado, impertinente por momentos pero un verdadero 'diosito' que reclamaba la atención y el afecto que no suplía el dinero. La mala conducta aunada a la escasa aplicación para el estudio obligaron al colegio a tomar medidas casi extremas y que no le dieron solución alguna.

Y como la 'onda' (moda) ahora es la 'inclusión', el colegio sí o sí debía contenerlo. Y como el pibito (se llama Gonzalo) se negaba ir a un psicólogo que le ayudara a modificar su actitud, el Director General del colegio me pidió ayuda. Obviamente que no me pude negar pero sabiendo de antemano las posibles reacciones del pibito decidí abordarlo de una forma diferente a lo que hago con los demás. Nuestro primer encuentro no seria programado o planeado sino que sería algo casual.

Y se dio como yo lo esperaba. Nuestra relación empezó el primer día posterior a las vacaciones de invierno en uno de los recreos, mientras estábamos haciendo cola para comprar algo de comer en el kiosco de la cantina. Allí había otros chicos que me conocían porque tenían hermanos menores en la primaria. Así que hacer contacto con Gonzalo, fue simple. El resto lo hizo mi capacidad de seducción, ser joven, simpático y el hecho de ser un referente en el colegio.

Eso me dio la posibilidad de iniciar y afianzar rápidamente nuestro encuentro que fuimos intimando con el paso de los días y nuevos encuentros, grupales e individuales. Gonzalo, imitando al resto y a pesar de no tener hermanos en la primaria, comenzó a frecuentar el gabinete diariamente y eso me dio la posibilidad de conocerlo más. Por todo lo que hablamos nos fuimos haciendo amigos hasta que aceptó mi ayuda pseudo-psicológica. Mi radar gay detectó 'algo' en él pero no lo pude confirmar. 

Hablamos muchas veces e incluso, me pidió incrementar nuestros encuentros 'a solas', sin la presencia de otros chicos compañeros del colegio. Así me enteré de toda la problemática que lo rodeaba, lo aquejaba y que sin duda lo estaba afectando. En nuestro antepenúltimo encuentro y después de muchos rodeos, Gonzalo me reconoció que se sentía atraído física y sexualmente por un amigo. Y lo angustiaba no saber qué hacer o cómo manejar eso ni tampoco que hacer o cómo obrar.

En nuestro anteúltimo encuentro, hablamos sobre este tema. Especialmente, porque el haberme contado su 'problema' como él lo definía, más que liberarlo, el peso se le había incrementado y la angustia era mayor. Él creía que su amigo también sentía 'algo' por él pero nunca le había dicho nada. Y Gonzalo no se animaba a tomar la iniciativa por temor al rechazo de ese amigo. De nada valieron mis argumentos de que si eran amigos de verdad y le decía lo que sentía, tal cosa no iba a ocurrir.

En nuestro último encuentro, hice varios intentos pero fue en vano tratar de hacerle comprender a Gonzalo que podía encontrar algún psicólogo, que le ayudaría en su 'problemática'. Pero, Gonzalo, rechazó cualquier intento mío para hacer que lo tratara un psicólogo. Él me decía que conmigo estaba bien y que no creía que otro tipo lo iba a ayudar mejor que yo. Además no quería andar confesando lo que sentía a cualquiera. Y me pedía comprensión. Yo comprendía su punto de vista y así se lo dije. Gonzalo me dijo que había 'pensado' bien y que estaba decidido a 'jugársela' (atreverse) a decirle a su amigo cuáles eran los sentimientos hacia él. Le dije que me parecía bien y que su amigo, por reciente que fuera la amistad que tenían, si él era sincero, lo iba a comprender y seguramente no lo iba a rechazar. Le aseguré que así sería y que no temiera un desenlace diferente. Gonzalo me dijo que recordara lo que le había dicho y acto seguido, se paró, dio la vuelta alrededor del escritorio y sin darme tiempo para reaccionar, me dio un beso en la boca.





sábado, 10 de septiembre de 2016

Cotidianidades




Apagar la alarma del despertador. Encender la luz. Abrazar y besar a Luciano, el bello durmiente que está a mi lado. Esperar que se desperece y se despierte totalmente. Dejar que me abrace contra su cuerpo desnudo y adolescente como si hiciera siglos que no nos vemos. Hacer el amor aunque todavía no amaneció. Ducharnos juntos o separados después de terminar enchastrados y /o transpirados. Secarnos mutuamente y vestirnos mientras hablamos y nos hacemos bromas. Ir a la cocina y preparar el desayuno. Despertar a los pájaros (léase Tato y Nachito). Compartir el desayuno, nuestros sentimientos, pensamientos, ideas, planes y demás para ese día. Amontonar todo en la pileta de la cocina y salir 'cagando' (rápido) porque se nos hace tarde. Dejar a Luciano y al Tato en sus lugares de trabajo. Ir con el Nachito al colegio. Presenciar el izamiento de la bandera. Abrir el gabinete psico-pedagógico. Dejar todo listo para recibir a mi primer usuario del día. Recibir el primer mensaje de 'whatsapp' (wsp) de Luciano, donde me manifiesta su amor y su entrega hacia mí. Entrevistar a los pibitos citados. Seguir recibiendo durante la mañana los diferentes wsp de Luciano declarando su amor eterno hacia mí y renovando sus deseos más íntimos. Almorzar junto a algunos docentes y compañeros de trabajo. Regresar al gabinete. Transcribir en la computadora todo lo observado en la mañana con los chicos que asistieron al gabinete. Receptar nuevos wsp de Luciano con los que me declara su amor, fidelidad y pertenencia hacia mí más increíbles. Acomodar y cerrar el gabinete. Despedirme de los docentes y no docentes que todavía andan en el colegio. Regresar a casa, comprando en el camino, algo para merendar con Luciano. Encontrar a Luciano, ya vestido de entrecasa, esperándome con café con leche si hace frío o con Coca Cola si hace calor. Merendar juntos y hacernos el amor sino lo hicimos a la mañana. Volver a ducharnos, secarnos y vestirnos. Salir juntos, sino tengo que ir a la facultad, a hacer compras para la comida o ir al centro a comprar cosas para nosotros o la casa o ir al shopping o simplemente salir para no hacer nada. Regresar a casa y preparar juntos la cena. Cenar y hablar de bueyes perdidos o de cuánto nos amamos y lo bien que estamos y nos sentimos por estar juntos. Lavar, secar, ordenar y guardar todo. Ver televisión. Ir a dormir esperanzados en que nuestra relación sea eterna.

Y entre una acción y otra cuando estamos juntos, nos besamos y nos acariciamos por todos lados como si nos conociéramos por primera vez. Y cuando estamos separados físicamente, nos unimos virtualmente por medio de mensajes de whatsapp donde nos declaramos y renovamos nuestras muestras de amor incondicional. Así es mi realidad hoy. Soy tan feliz con este 'pibito' como jamás lo hubiera pensado o propuesto. Amo a Luciano como jamás amé a nadie. Luciano tiene mucho que ver en mi felicidad y yo en la de él. Nuestros sentimientos son la base y estas cotidianidades, las columnas que nos ayudan a perpetuar nuestra pareja y la enorme, hermosa y feliz relación que hoy tenemos y que espero que dure y perdure... jeeeeee...






domingo, 4 de septiembre de 2016

Celos





Desde hace un tiempo a esta parte, vengo pensando que mi incapacidad de síntesis, es más y más profunda, porque a medida que pasa el tiempo, mis escritos son cada vez, más y más largos. Días pasados, un amigo que me viene leyendo de hace mucho tiempo, me señalaba esto que también a mí comienza a molestarme. No puede ser que no logre sintetizar más los sucesos o hechos que pasan en mi vida. Es algo así, como dice mi vieja, que para decir que está lloviendo, yo comienzo a contar como es que se formó la primera molécula de agua... jeeee...

Y esto no seria problema, si yo tuviera 15, 16 o 17 años, donde el tiempo sobra y las únicas obligaciones que tenemos es estudiar e ir a la escuela. Todo lo demás es tiempo 'libre' para que uno haga 'lo que se le cante' (lo que quiera). Pero, ahora, es diferente. Tengo, además de la facultad, que trabajar, atender las cosas de la casa, dedicarle tiempo a Luciano, estudiar y un montón de actividades más, que antes, cuando era adolescente, no las tenía o al menos, no tenía tanta responsabilidad para que todo saliera bien, como lo tengo que hacer ahora.

Así que me propuse de a poco, hacer mis 'entradas' (posts) más cortos y también más espaciados en el tiempo, cosa que voy a intentar a partir desde hoy y que salga 'chicha o limonada'! jeeeeee... Lo que pasa también es que me pasan muchas cosas en la vida, algunos muy importantes, otras no tanto y otras francamente intrascendentes, pero todas se relacionan con algo y de ahí su importancia en darles detalles para que comprendan bien cada situación. Por ejemplo, lo que me pasó esta semana. El 18 de agosto cumplieron años Caio y Lucho. Vaya casualidad, ser pareja y cumplir años el mismo día...

A los dos, les hablé por teléfono para felicitarlos. De Caio me estuve acordando todo el día y también días antes. El poco tiempo que fuimos amigos realmente la pasamos re bien y es increíble que estemos tan lejos ahora, después de compartir tantos momentos. Le hablé por teléfono para desearle un feliz cumpleaños. Lo sentí muy contento y triste a la vez. Contento porque pudimos hablar como antes otra vez y tristes, porque sabíamos que estábamos lejos y que no nos sería fácil, reunirnos como antes. Amé y amo a Caio y creo que el sentimiento es recíproco aunque nunca fuimos 'pareja'..

Distinto fue con Lucho. Le mandé un whatsapp y me dijo que iba a festejar el cumpleaños, el sábado 20 al mediodía, en un conocido club donde va casi toda la comunidad universitaria. Así que le aseguré que íbamos a estar presente, sabiendo de antemano que a Luciano no le gustan mucho estas reuniones con los 'diositos'. Igualmente, lo comprometí y fuimos. Antes, pasamos por una 'regalería' y le compramos al Lucho, una remera de marca que sabíamos que le tenía 'ganas' (que la deseaba) pero que no compraba por diferentes motivos, entre ellos el económico.

El encuentro estuvo bueno porque aunque invitó a todos los diositos, obviamente no fueron todos, pero estaban casi todos con sus nuevos 'amigos/parejas' y la pasamos bien. La comida eran los clásicos 'choripanes' (sándwiches de chorizo) y la bebida, cerveza/vino para todo el mundo. Y la hubiéramos pasado de '10' (excelente) o mejor dicho, la hubiera pasado de 10 sino fuera lo que pasó. De todos los 'diositos' y no diositos presentes, la edad promediaba en los 22 años más o menos y los más chiquitos eran Luciano y el 'pollito' que tienen 18 y Carlitos de 16.

Y no hubiera pasado nada sino fuera porque el boludo de Luciano se puso a hablar con un compañero de la facultad y 'amigovio' (amigo con derechos) del Gasti, treintañero, atractivo, simpático, que acaparó no solamente la atención del Gasti sino también la de Luciano, a quien absorbió en gran parte de la noche. Y creo que por primera vez en mi vida, porque por más que lo pensé no me acordé, sentí celos. Primero, celos de ese tipo, que de alguna manera me robaba al Gasti (¿?) y se pasaba por las pelotas, mi 'patronazgo de estancia'. Y luego, por acaparar toda la atención de Luciano.

Y todo, porque como estaba Carlitos y me dio lástima que anduviera solito y de acá para allá como 'sandía en carro', me uní a él y le di charla y lo disfrute tanto que acapararó toda mi atención. Claro que cuando me acordé de Luciano y lo busqué con la vista y lo vi con el tipo ese, solos los dos, sonriéndole abiertamente y dejando que el tipo se le acercara demasiado, todo cambió. Y por primera vez (creo) sentí celos. Pero tantos y de tal manera, que ya no disfruté ni de los pollitos, ni de la fiesta, ni de la música ni del contacto vía Skype que hicieron con Caio ni con nada de nada.

Por suerte, Luciano se dio cuenta que 'algo' andaba mal y apenas me vio, se vino rápido a mi lado, me abrazó, me besó y me preguntó qué me pasaba. Como le contesté que nada, pero de mala manera, se dio cuenta 'al toque' (rápidamente) que yo estaba molesto/celoso por esa situación con la pareja del Gasti y se largó a reir, aunque sofocó su carcajada con la mano. La risa de Luciano es tan contagiosa y especial como él. Se le achinan los ojitos y le aparecen unos hoyitos cerca de las comisuras de los labios mientras muestra todos sus dientes blancos y alineados, que es increíble de lindo!

No tuve más remedio que reir con él, abrazarlo y besarlo y la cosa no pasó a mayores y como realmente yo había abusado de la disposición de Luciano para acompañarme, decidimos regresar a casa. En el camino de regreso, Luciano se burló permanentemente de mis celos mientras seguía besándome donde podía, me acariciaba la entrepierna y me decía cosas, como que él nunca me haría algo así con otro hombre. Que con una chica podía ser pero que confiara ciegamente en él que nunca me iba a traicionar con ningún hombre por mucho que le gustara porque él ya se había decidido por mí y nada ni nadie iba a cambiar eso. Esa declaración de amor y fidelidad me tranquilizó aunque me dejó pensando, que sentimientos de pertenencia y posesión despertó este pibito, que hicieron nacer en mí, estos celos que hasta ahora prácticamente desconocía? Y la corto acá, porque puedo seguir reflexionando sobre este tema mucho tiempo pero si quiero comenzar a dominar la síntesis creo que con esto alcanza y sobra. Hasta cuándo Luciano va a lograr conseguir que sigan apareciendo nuevas 'facetas' de mi personalidad que yo desconocía que existieran en mí?