sábado, 27 de mayo de 2017

Intenso colorado otoñal




Desde que soy docente secundario, tuve que re-organizar mis horarios, especialmente los de la mañana de la escuela. Especialmente, porque todas mis actividades en el gabinete psicopedagógico de la mañana, las tuve que pasar a la tarde, aunque no me representó muchos problemas, ya que los 'chicos' (léase mis pacientes) también concurren al contraturno. Eso sí, por sugerencia del director, tuve que dejar libre mis tardes de los viernes para poder ir a la noche, al encuentro deportivo y posterior cena de convivencia entre alumnos, padres y profesores.

El Colo me llamó una noche para decirme que como esa semana no tenía que ir a la facultad, quería saber si podíamos vernos al día siguiente. Le dije que sí porque desde que empezó la facultad, nuestros horarios ya no coinciden y si bien el whatsapp nos mantiene comunicados las 24 horas del día, personalmente, cada vez nos vemos menos. Y digan lo que digan, al Colo lo extraño tanto como a Luciano o al mismo Carlitos. Para colmo, Luciano quedó tan aprensivo con este tema de las grietas que, aunque ya está bien, evita caer en la excitación a través de cualquier tipo de relación sexual.

Y, ahora, que Carlitos no viene a casa para que Luciano no se excite demasiado y vuelva a sufrir los ardores de las grietas ya casi curadas pero que todavía están ahí, como diciendo: 'mirame y no me toqués', mi actividad sexual bajó drásticamente. Así que decidí re-encontrarme con Carlitos, en el colegio, antes o después del comedor, haciendo algo sexual pero sin caer en la desesperación. Disfrutándonos y demostrándonos que no siempre la salida es la penetración. Muchas veces, la 'transa' o una simple paja intercambiada o una felación, también nos hace sentir re bien.

En cambio, con el Colo, es diferente. La facultad le lleva mucho tiempo. Pero, él es así: re 'olfa' (nerd/estudioso). Ya no nos vemos como antes, cuando estaba en la secundaria. Así que su llamada despertó todo mi entusiasmo. Nos encontraríamos en una esquina determinada, después de que yo saliera del colegio, almorzaríamos juntos en algún bar de la zona y después veríamos como seguiría la tarde. Yo había hecho planes para ir al departamento del Gasti, boludear ahí un rato y luego, pasar toda la tarde en la cama disfrutando de todo lo que el Colo me puede brindar. 

Los planes del Colo eran bastante similares a los míos, con la diferencia de que quería boludear caminando, tomados de la mano o abrazándonos y tomando sol y luego sí, ir a algún lugar, compartir una cama y disfrutarnos. Una de las cosas que más le gusta al Colo, es el otoño. Y de esta estación, las tardes de sol tibio y caminar en un parque, entre las hojas amarillas, secas, que acolchan el suelo. Y, era su fantasía, hacerlo acompañado de alguien a quien amara, tomados de la mano o abrazados, para luego, acostados sobre el colchón de hojas secas, hacer el amor.

Una fantasía bastante simple y sencilla que apenas me la dijo, me propuse cumplirla pero surgió un imprevisto. A los tres o cuatro parques que fuimos, encontramos mucha gente y en el único que no había gente, tampoco había hojas secas tiradas en el suelo. Así que, al final, le dije, que igual le iba a cumplir con la fantasía y sin pensarlo más, decidí llevarlo a la casa de campo de mi viejo. El montecito de la entrada, tiene muchos árboles de hojas perennes, pero la mayoría son de hojas caducas. Y ahí sí que podíamos hacer todo lo que pretendía el Colo.

Y eso fue lo que hicimos. Al campo o voy seguido o no voy nunca. Antes, cuando éramos más 'pibitos' (chicos) lo disfrutábamos mucho. Pero, ahora, la casa del campo, pasó a segundo plano y quedó prácticamente en el olvido. Y eso que tiene todas las comodidades como para vivir cómodamente y disfrutarla en cualquier momento del año. Pero... Llegamos a media tarde y la tranquera cerrada con candado no nos permitía el paso con la 'Eco' (auto) así que para no dar toda la vuelta y entrar por atrás, dejé estacionada la Eco ahí, saltamos la tranquera y entramos caminando.

Caminamos por el camino de tierra, abrazados y besándonos. Sabíamos que no había testigos y nos internamos en el montecito, entre los mil amarillos de las hojas secas caídas de los árboles del lugar. Hablamos de nosotros y disfrutamos del momento y del lugar. Nos internamos hasta un pequeño claro que el sol le daba con fuerza y estiré en el suelo, una manta que llevo en la 'Eco', por cualquier eventualidad y nos acostamos encima. Mientras nos transábamos, nos fuimos desnudando y a pesar de que estábamos terriblemente calientes, me di cuenta que el Colo tenía frío, aunque él no me dijo nada.

Así que, aunque yo también estaba re 'caliente' y listo para hacerlo mío una vez más y disfrutar plenamente del cuerpito adolescente del Colo, le dije de ir a la casa y seguir en el dormitorio 'grande'. Invitación que el Colo aceptó rápidamente. Una vez en la casa, encendí la luz de afuera, para indicarle al Juanma que estaba adentro de la casa y 'ocupado'. También encendí la estufa del dormitorio y la de la sala y mientras se calentaban ambos ambientes, nos duchamos juntos, muy rápidamente, con agua muy caliente. Para cuando volvimos al dormitorio, el ambiente ya estaba realmente agradable.

El Colo arremetió contra mí y comenzó a besarme en la boca. Fue un beso largo y sabroso. Nuestras lenguas se chocaron y sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo. Debo confesar que no esperaba tanto entusiasmo, ya que de por sí, el Colo es de naturaleza tímida y reprimida. Esa actitud provocó que yo me excitara totalmente y que mi erección fuera descomunal. Me acosté en la cama y dejé que el Colo hiciera lo que sintiera. Empezó masturbándome y haciéndome un 'pete' (felación) increíble. Cuando yo estaba a punto de 'acabar' (eyacular), cambiamos de posición y comencé a petearlo a él.

Y mientras lo 'peteaba' comencé a dilatarlo analmente, lamiéndole con fruición su agujerito mientras lo 'pajeaba' (masturbaba) lentamente. Luego, cuando el Colo comenzó a gemir y a contorsionarse, pidiéndome que lo penetrara de una vez, unté los dedos de mis manos con un gel lubricante. El Colo me rogaba que lo penetrara de una vez. Lo hice esperar unos minutos más hasta que la pija del Colo estaba durísima y me pedía casi suplicante que lo penetrara sin esperar más. Así que decidí que el momento había llegado. El Colo se contorsionaba más y más y su libido ya estaba al máximo.

Coloqué sus piernas sobre mis hombros y apoyé mi glande sobre el agujerito y muy suavemente, fui introduciéndole mi pija. El Colo volvió a gemir, pero esta vez, creo que de placer. Y, aferrando mis nalgas, con sus manos, las empujó contra él, obligándome casi a penetrarlo impiadosamente. Esta vez, el gemido fue más fuerte. Yo empujé mi pija hasta que mis testículos hicieron 'tope' en sus nalgas. El Colo volvió a gemir pero me pidió que lo cogiera/follara. Me recosté sobre él. Sus brazos y piernas me rodearon y me apretaron muy fuerte. Yo empecé el movimiento acompasado del 'saca y pon'.

Finalmente, cuando estaba a punto de eyacular, volví a ponerme en posición vertical, mientras masturbaba al Colo. Mi intención era que 'acabáramos' (eyaculáramos) juntos. Los 'ay' y los gemidos del Colo se entremezclaban con mi jadeo. Ya casi estábamos listos. Sentía en mi mano, los 'respingos' de su pija e igualmente los músculos de su abdomen y de su bajo vientre, que ondulaban de goce y placer y ya casi dispuestos a permitir la descarga de la 'leche' que yo tanto deseaba. El primer chorro de leche del Colo salió potente y cayó casi sobre su mentón. Los otros fueron cayendo acá y allá.

Lamí de su pecho y vientre y de mis dedos, toda la leche que en ellos había caído, mientras me seguía moviendo, lenta y ondulante, dentro de él. A los pocos segundos, de beber toda la leche que el Colo había derramado sobre su cuerpo, eché dentro suyo, hectolitros de mi leche, espesa y caliente. Después, me volví a recostar sobre el cuerpo del Colo y volvimos a besarnos muchas veces hasta que, agotado, me acosté a su lado. Así estuvimos un largo rato, al principio en silencio y luego preguntándonos cómo estábamos y de todo lo que sentíamos. El Colo me dijo, al igual que el Sebi, Marco y Luciano, en su momento, que yo sería el único hombre en su vida y me juró amor y fidelidad eternamente. Que sería mío y de nadie más. Le contesté que mi amor por él seguía tan intacto como el día que nos conocimos pero no le podía dar la fidelidad como él la entendía. Me dijo que no le importaba y que se conformaba con mi amor aunque me tuviera que compartir con otro. Todo pre-anunciaba que si seguíamos así, la segunda parte era inminente pero se estaba haciendo de noche y preferimos regresar. Ya tendríamos otras oportunidades... Jeeeeee...




6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Todo el Colo, es hermoso, JOSEP. Cómo es, lo que hace, lo que dice, lo que piensa. Es un ser de otra galaxia y cuando estoy con él, me transporta a su mundo y ahí quiero quedarme para siempre.

      Besos!

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  2. Anónimo1/6/17 2:19

    Copado el relato ! y copado el Colo ! lo mas .....me encanta....segui a fullll con el!
    Abrazos y cuidate Charlieindio

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    1. El Colo es el copado, CHARLIEINDIO! Amo a este pibito y sino fuera porque ya soy pareja de Luciano, aún cuando sé que sería muy difícil afrontarlo, le propondría matrimonio sin pensarlo...

      Besos!

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  3. hola Lucks! wow.. ya extrañaba un post así xxx de vez en cuando esta bueno leer un relato super hot!!!saludos -juan

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    1. Es el Colo, el que me despierta las sensaciones y los sentimientos más increíbles, JUAN!

      Besos!

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