martes, 31 de octubre de 2017

Cagaso (miedo)




El jueves de la semana pasada hizo un calor 'de cagarse' (excesivo). La temperatura subió a los 30º C y la alta humedad, hicieron que el ambiente fuera sofocante. Como siempre, fui a buscar a Luciano a la salida del trabajo y de ahí fuimos a tomar una cerveza, con los 'pollitos y algunos de los pollitos BB', que se están haciendo 'habitués' de un barcito que abrió cerca de donde viven. Luciano goza de estar entre los 'pollitos' y también, con los 'pollitos BB' y, obviamente, yo también.

No hay con qué darme. No puedo evitar la atracción que siento por los 'pollitos BB'. Especialmente por uno que me tira 'onda', que le dicen 'Pela', porque tiene el pelo cortado al ras. En realidad, se llama Ignacio y tiene 16 años. Luciano lo sabe y ellos también, pero saben que Luciano no me dio 'licencia' para tener nada con ellos y yo por ahora, le respeto esa decisión. Igualmente, nos juntamos para tomar algo, charlar de 'bueyes perdidos' y después, ellos se van a sus casas y nosotros, al campo. 

Ese jueves, habían anunciado una alerta meteorológica, con fuertes vientos, lluvias torrenciales y potencial caída de granizo. Pero, a la hora que nos volvíamos, el cielo estaba semicubierto y nada presagiaba una gran tormenta. Así que cenamos como siempre y nos contamos las contingencias del día. Después de cenar, lavamos los platos y acomodamos todo. Como el calor todavía era sofocante, Luciano decidió ducharse antes de ir a dormir. Yo lo había hecho apenas habíamos llegado.

El Juanma y su señora, Anita, todavía andaban por ahí, terminando de acomodar todo. A Anita, le estamos pagando un pequeño salario para que nos prepare la cena, ya que últimamente, por culpa del calor, llegábamos muy cansados y sin ganas de cocinar. Así que, mientras Anita andaba por ahí y Luciano, se terminaba de duchar, yo me quedé con el Juanma, Juan Cruz y el Tomi hablando de 'bueyes perdidos'. Juan Cruz está viniendo todas las noches a casa a pasar el rato con nosotros.

Juan Cruz ya sabe que los tres (léase Luciano, Tomi y yo) somos gays y que Luciano y yo, somos pareja. Lo que no sabe es que tuvimos sexo, el Tomi y yo, con el Juanma y que el Juanma, a pesar de que ahora está casado con Anita que tiene tres agujeros donde meterle la pija, igual sigue bien 'dispuesto' a sacarse la calentura con cualquiera de nosotros. Los únicos que desconocen esto de nosotros con el Juanma, son Luciano y Juan Cruz por un lado y Anita por el otro.

Esa noche, fuimos caminando hasta la tranquera para mirar el horizonte. Allá lejos, en el sur (en este hemisferio todas las tormentas fuertes vienen del sur), el cielo era un único relámpago e infinita, la caída de los rayos. Pero estaba tan lejos, que suponíamos que iba a llover muy de madrugada, al amanecer. Ahí nos despedimos. Juan Cruz se fue a su casa y el Juanma a la suya. El Tomi y yo, volvimos a la nuestra. Antes de llegar, llegó a nosotros, una brisa fresca, con olor a 'tierra mojada'. 

Le dije al Tomi si podía estacionar la Ecosport debajo del alero, por si granizaba, mientras que yo, iba a buscar faroles y velas, por si se interrumpía la electricidad y 'no daba' (no tenía sentido) encender el grupo electrógeno. Luciano se había terminado de bañar y ya estaba en la cama, totalmente desnudo, acostado boca abajo, como invitándome a que lo penetrara. Obviamente que no lo hice esperar. Comencé con unos masajes, luego nos acostamos de lado y empezamos a besarnos y franelearnos.

Al rato, nada más, cuando ya tenía mi pija dentro de la boca de Luciano, que succionaba con desesperación, mientras se 'pajeaba' (masturbaba), comenzaron las violentas ráfagas de viento que pre anuncian la llegada inminente de la tormenta. Pero contrariamente a lo que creíamos, la tormenta se desencadenó en ese momento. Obviamente, la energía eléctrica se interrumpió como suponía. Los relámpagos nos iluminaban permanentemente y los truenos eran cada vez más fuertes.

Y se desencadenó lo que pensábamos que era el 'apocalipsis'. El viento era fortísimo! Aullaba entre los árboles y golpeaba tan fuerte los postigos de las ventanas, que pensamos en un momento que las sacaría de 'cuajo' (arrancar de su lugar). Inmediatamente, comenzaron a caer rayos por doquier, produciendo ruidos espantosos que parecía que el fin del mundo se abatía sobre nosotros. Junto con los primeros rayos comenzó a llover torrencialmente. El cielo se abrió encima nuestro!

Nosotros detuvimos lo que estábamos haciendo. Los rayos caían cercanos. Incluso, sentimos como se nos erizaba el pelo en la nuca. O sea, que la electricidad en el ambiente era mucha. Los relámpagos no cesaban y los truenos tampoco. Parecía, como en los dibujitos: teníamos las nubes de la tormenta encima de la casa. Desnudo como estábamos, fuimos a la cocina y desde allí, miramos la tormenta que se desencadenaba encima nuestro, afuera. El cielo (o el infierno) se desplomaba sobre nosotros.

Segundos después, descalzo y apenas vestido con un boxer, se nos unió el Tomi. Y, aunque no dijo nada, nos dimos cuenta que realmente, los tres, teníamos un 'cagaso' (miedo) 'padre' (muy grande). En la ciudad, vivimos muchas tormentas, algunas muy fuertes, fortísimas, pero nunca habíamos sentido los embates de la naturaleza como esa noche. Y eso que vivíamos en un 10º piso! Estábamos los tres parados, impávidos y silenciosos, mirando como la tormenta desarrollaba toda su furia.

Vimos, iluminados por los relámpagos, como muchas ramas de los árboles más añosos se desplomaban por el fuerte viento. El viento aullaba y entraba por las rendijas, haciendo que en la casa, se escucharan como lamentos. 'Sinyuá' o como se escriba, el nombre del perro de la Agus, se había metido en su canasto de gomaespuma y desde allí gemía. 'Micha', la gata de Luciano, directamente dormía, en su acolchado, ajena a lo embates de la naturaleza.

No sé cuánto tiempo pasó, pero no tenía sentido seguir ahí parados, desnudos, en la oscuridad, mirando como la tormenta, afuera, se abalanzaba sobre nosotros. Los relámpagos nos iluminaban permanentemente. A Luciano lo tenía abrazado por la cintura. Y el Tomi, valiente como es ante cualquier peligro, se rindió a la violencia de la naturaleza y se pegó a mí. A él también lo abracé por la cintura y lo atraje. El Tomi al igual que Luciano, me rodeó la cintura con los brazos.

No pudimos encender los faroles porque no tenían combustible. Así que encendimos una vela que apenas iluminó la cocina y magnificó nuestras sombras. Realmente estábamos 'cagados' (asustados) pero no decíamos nada. Poco o nada podíamos hacer. Además, qué era lo peor que nos podía pasar? La casa es de material y de construcción antigua, de la época cuando todas las cosas se hacían con materiales buenos y resistentes. La tormenta, por muy fuerte que sea, seguramente no nos iba a dañar. Comenzamos a sentir el frío. Calenté café y lo bebimos, parados y pegados nuestros cuerpos, mientras comíamos chocolate con maní, en barra, golosina infaltable en casa. Cuando terminamos, decidimos irnos a la cama. Cuando Tomi, se estaba despidiendo, para volver a su dormitorio, Luciano, lo agarró de la mano y le dijo, que la noche estaba demasiado 'hostil' para dormir solo. Y, le sugirió, que durmiera con nosotros, en nuestra cama. El Tomi me miró interrogándome con la mirada y le dije que me parecía una muy buena idea. Le tomé la otra mano y con Luciano, llevamos al Tomi a nuestro dormitorio, a nuestra cama. Lo que siguió a continuación, se los dejo librado a la imaginación de cada uno de ustedes: tres 'diositos' gays, tres pijas, tres culos, tres bocas... Afuera, la noche dejaba que la naturaleza se explayara. Y adentro de la casa, también... Jeeeeeee....






miércoles, 25 de octubre de 2017

Cuidate





Así, como el título del post, decía el primer 'wsp' (mensaje de whatsapp) que recibí. El número del celular del remitente del mensaje no lo conocía. Así que no podía saber quién era el que me escribía. Obviamente, le contesté lo que les respondo a los 'wsp' anónimos que recibo casi permanentemente y que casi todos son de alumnos que me van agregando a nuevos grupos de whatsapp o a sus propias agendas de contactos:

- Disculpá pero no te tengo agendado y no sé quién sos.

Además, ese wsp parecía una advertencia, o un aviso, o un consejo. Necesitaba saber algo más. Por lo menos, quien remitía ese mensaje. Y como la pendejada de acá (supongo que en todo el mundo), cambia de celular como yo cambio de slip, podía ser cualquiera. Excepto algunos amigos que están viviendo en el extranjero (Marco, Yani y Caio) y los que viven en el pueblo, que tienen otra característica, el 'boludo' (tonto) anónimo definitivamente tenía que ser de Rosario.

Alfredo? Por qué no? Yo le di mi número de celular al padre. Él tranquilamente, podía haber sacado mi número de celular de los 'contactos' del padre. El segundo 'wsp' me llegó a los pocos segundos de haberle contestado el primero. Yo estaba en clases y no quería distraerme, menos usando el celular, cuando nos está especialmente recomendado a los docentes, que no usemos ni dejemos usar, los celulares en clase. Así que el segundo 'wsp' recién lo leí en el recreo:

- Cuidate porque sé lo que hacés.

Le contesté que yo hacía 'muchas' cosas y no sé a qué se refería. Además sino me decía quién era, lo bloqueaba porque me estaba molestando, ya que estaba trabajando y no podía ni debía distraerme. El tercer wsp fue la continuación del segundo:

- Cuidate de ese 'pendejito' que te estás 'comiendo' (cogiendo/follando)

Le contesté que no tenía idea de lo que estaba hablando mientras mi cerebro funcionaba a millonésimas de vueltas por segundo sobre qué hacer: bloquearlo e interrumpir la comunicación y quedarme con la intriga de cuál era la intención que tenía o seguir hablando por medios de 'wsp' o la solución más radical de todas que era llamarlo directamente. Decidí tomar 'al toro por los cuernos' y hablarle por teléfono.

La primera vez no contestó y dejó que su celular llamara infinidad de veces. Atendió la segunda vez. Y apenas dijo 'hola' ya descubrí por la entonación el acento portugués/brasilero. No era la voz de Caio. Tampoco la de Thiago, el hermano de Caio. Quién más? Conocía a varios brasileñitos más, pero con ninguno, que yo recordara, había hablado por teléfono. Definitivamente, me estaba cansando, así que le manifesté mi fastidio y mi intención de interrumpir la comunicación.

Ante mi taxatividad, rápidamente, se dio a conocer. Era Luiz Antonio (Luizao), segundo hermano varón de Caio. Había venido con el hermano más chico, Álvaro, a reconocer el terreno, ya que la idea del pibito era estudiar medicina, en la Facultad de Medicina de Rosario y habían venido a ver las condiciones de ingreso, departamentos en alquiler, el costo de vida y demás datos que consideraba necesarios saber para concretar la idea de Álvaro.

La verdad que me alegró muchísimo escucharlo. Le dije que me habían alarmado sus 'wsp'. También le pregunté cómo sabía que yo era gay. Me dijo que Caio se lo había dicho. Y que yo estaba de novio de un 'pendejito' (léase Luciano) y que por eso me habían 'cargado' (molestado) por teléfono. Le contesté que sí, que era gay, que estaba viviendo 'en pareja' con un 'pibito' pero que no era tan 'pendejito' como ellos creían y que me gustaban los 'pibes' muy lindos, como él y los hermanos.

Se quedó unos segundos en silencio y me contestó:

Luizao: te estás 'tirando' (seduciendo)? Yo no soy gay...

Yo: jaaaaa... ya sé, te estaba 'jodiendo' (embromando). Pero, no puedo con mi naturaleza y no puedo dejar de intentarlo. Siempre fuiste un lindo 'garoto' (chico) y me gustaste desde siempre. Pero como sé que no sos gay, nunca te dije nada ni te molesté... Pero, dejemos de hablar por teléfono y encontrémonos. Yo tengo un buen rato de tiempo libre para almorzar, querés que nos encontremos y charlamos mientras almorzamos?

Luizao aceptó la invitación pero me avisó que estaba con un amigo rosarino y si podía ir con ese chico también. Obvio que le dije que sí y que sus amigos eran mis amigos. Al ratito nomás, estábamos frente a frente. Qué bellezas de chicos! Los dos hermanos tenían algún parecido con Caio. El rosarinito no era tan lindo pero tenía su atractivo. Los padres de Caio, sí que saben hacer 'diositos'! Luizao y Álvaro son 'diositos' increíbles! Por favor! Tanta carne y no se puede comer!

Almuerzo por medio, me enteré de los detalles de los planes de Álvaro y dos amigos más, todos brasileños, que no habían viajado con él, pero que lo harían próximamente. Así que estuvimos hablando un poco de todo: de ellos, de sus planes, de Caio, de mí y de Luciano y del resto de los 'diositos' que conocían. También, hablé telefónicamente, con el Nesti, para que los ayudara a encontrar un departamento para alquilar, con las características que buscaban. Antes de irme, los invité al campo, a pasar el fin de semana. Así podíamos aprovechar, para estar un par de días juntos, conocernos más y después, los alcanzaría hasta el aeropuerto. Pero, no podían. Ya tenían planes con amigos, durante el fin de semana, pero me dijeron que aceptaban mi invitación, la próxima vez que vinieran, a mediados de diciembre. Bueno, quizás no pueda disfrutar de sus cuerpos como a mi me hubiera gustado pero si puedo (podemos) disfrutar de su compañía y sacarme la 'calentura' con Luciano. Además, 'la esperanza, es lo último que se pierde'. O no? Jeeeeeee...






viernes, 20 de octubre de 2017

Miradas que dicen






El domingo 15 de octubre, se celebró acá el 'Día de la Madre'. A la noche de ese día, volvíamos a casa, Tomi, Luciano y yo. La autopista no estaba transitada y a veces, cuando la humedad es alta, se forman bancos de niebla, complicados para atravesar. También, muchas veces, se complica más porque de los campos vecinos encienden fuegos, para quemar pastizales o basurales, que hace que el humo que se desprende, al mezclarse con la niebla, provoque una sustancia densa y peligrosa.

Esa noche, por suerte, no había niebla. De pronto, después de una curva amplia, nos encontramos con un auto estacionado en la banquina, bien señalizado y con sus balizas encendidas y sus 5 ocupantes haciéndonos señas para que nos detuviéramos. Al principio, sentimos algo de temor e íbamos a seguir si detenernos. Pero, nos dio lástima así que detuve la Ecosport como 100 metros más allá de donde estaban. Una persona, caminando por la oscura banquina, vino a nuestro encuentro.

Nos dijo que se llamaba Federico y que su auto, un flamante Audi de 4 puertas, se había detenido sin causas aparentes. Nos pidió, 'por favor',  si los podíamos ayudar. En ese lugar ninguno de ellos tenían señal de celular y hacía como una hora que estaban detenidos allí sin saber que hacer y sin que nadie los ayudara. Nuestros celulares, en ese lugar, tampoco recibían señal, así que fuimos con Federico, unos kilómetros más adelante, hasta tener señal en el celular y pedir un servicio de remolque. 

Luego, regresamos por la vía contraria, hasta donde estaba el Audi detenido. Allí, Federico, hizo las presentaciones de rigor: Federico, el hijo mayor, casi como yo, de 25 años; Alfredo, de 23; Leandro de 16 y Eugenia, la única mujer, de 18. Excepto, Alfredo, muy apetecible y bastante cercano a la categoría de 'diosito', los otros varones, estaban bastante distantes de esa clasificación. La 'minita' igual que Federico padre y Alfredo, era muy, pero muy atractiva. Un 'diosito', pero femenino.

Luego, nos presentamos nosotros. No les dijimos que eramos gays, ni que Luciano y yo éramos 'pareja'. Primero, porque tratamos de mantener un perfil 'bajo' y segundo, porque no teníamos más intenciones que ayudarlos, sin relacionarnos amistosamente con ellos. Así que dijimos que éramos amigos y que vivíamos en el pueblo siguiente y que para allá íbamos y que diariamente hacíamos ese recorrido para ir y venir a y de nuestro trabajo, en San Lorenzo y en Rosario respectivamente.

Y, 'ya que habíamos hecho 30, hacíamos 31', nos quedamos con ellos hasta que llegó el auxilio mecánico. Así los dos Federico, padre e hijo, se fueron en la camioneta del auxilio mecánico, remolcando el Audi hasta la estación de servicios en la autopista. Entretanto, yo llevé al resto de los hijos hasta el mismo lugar. Cuando llegamos, Federico padre, quiso pagarnos la 'gauchada' (favor) que le habíamos hecho, cosa que, obviamente, no aceptamos.

Entonces, nos invitó a cenar, ahí mismo, a modo de agradecimiento por lo que habíamos hecho por ellos. Eso sí aceptamos. Así que mientras cenábamos sandwiches y pizza con gaseosas, descubrí que Eugenia no despegaba la vista de la cara de Luciano y conversaba únicamente con él, muy animadamente, pero en voz baja. Alfredo, me miraba atentamente, pero cuando nuestras miradas se encontraban, el pibito, rápidamente, esquivaba el 'encuentro visual'.

Debido a eso, de tanto en tanto, miraba de reojo a Eugenia, que monopolizaba la conversación con Luciano. También me di cuenta, que Alfredo, si bien no participaba de ninguna conversación en particular, seguía observándome atentamente. Mi radar-gay, no me decía nada. Además, ese no era el momento. Alfredo no parecía gay, sin embargo, no sé si era la manera de mirarme o algunos gestos o qué, pero es bastante fácil para un gay reconocer a otro gay por muy 'tapado' (en el closet) que esté.

Además, las señales eran imperceptibles, y yo tenía dudas. Alfredo sino era gay, era bi, pero me 'jugaba' (apostaba) que 'le gustaba la masita' (era gay). Leandro y Federico, estaban absortos con sus celulares. Así que, Federico padre, el Tomi y yo éramos los únicos que conversábamos animadamente entre nosotros. Alfredo, solamente me miraba con esas 'miradas que dicen' pero nada más... Estaría intentando una comunicación telepática? Jaaaaaa... Pero qué podía hacer yo? Las veces que lo miré a los ojos, esquivó mi mirada. No podía ni siquiera intentar hablar individualmente con él, ya que Federico padre, dirigía su conversación hacia el Tomi y yo. Al rato, llegó otro 'auxilio mecánico', esta vez de la concesionaria Audi de Rosario y también una Van que hacía de remis y que iban a llevarlos a Rosario. Así que nos despedimos, no sin antes intercambiar, Federico padre y yo, el número de nuestros celulares y prometerles, que nos encontraríamos para comer un asado todos juntos, en su casa de fin de semana. Luego, nos despedimos y ya no volvimos a saber de ellos. En fin... Cosas de la vida...









domingo, 15 de octubre de 2017

26 horas excitantes





Cómo se lo había prometido en las jornadas de convivencia que hicimos en las vacaciones de invierno en Córdoba, planifiqué un encuentro con el Gonza, un día sábado, día de la semana que tengo libre, apenas después que dejo a Luciano en el trabajo. Nos habíamos puesto de acuerdo que pasaría por la casa, tipo 8.30 y de ahí, iríamos directamente al campo, donde podríamos estar tranquilos hasta las 5 de la tarde para dar rienda suelta a nuestro desenfreno sexual. 

A esa hora deberíamos regresar para dejarlo en la casa y para buscar a Luciano por el gym, alrededor de las 6 de la tarde. Pero, entre semana, había hablado con Luciano, sobre la posibilidad, de que al menos, una vez por mes, él vaya a cenar, los viernes, a la casa de la madre, con ella y el hermano y se quede a dormir allí. Y, al otro día, retome su rutina de los sábados, es decir, desayuno - trabajo - almuerzo (con la madre) - siesta - natación hasta que yo pase a buscarlo a eso de las 6 de la tarde. 

Y mi idea era justamente aprovechar ese día, un viernes cualquiera, para llevar al Gonza al campo y poder estar con él, desde las 2 de la tarde que me voy del colegio hasta las 6 de la tarde del otro día. Más de 24 horas juntos! Estos planes no eran extensivos con el Colo, porque los viejos del Colo, son demasiados problemáticos y no les gusta que se quede a dormir en casa ajena. Pero, con el Gonza es distinto. Con tal de tenerlo tranquilo, los padres lo dejan hacer lo que se le 'canta' (quiere). 

Claro que igualmente, tuviimos que elaborar una mentira, para que el Gonza se quedara a dormir conmigo en el campo. Todo empezó entonces, el viernes 6, que nos encontramos a la salida del colegio y enfilamos directamente hacia la casa de campo de mi viejo. Antes de salir a la ruta, compré comidas y bebidas para esas 26 horas. También una "pera" de goma para hacer lavativas, gel lubricante y un frasquito de xilocaína. Con todo ese bagaje, enfilamos directamente al campo. 

Pero, la ansiedad y la calentura, nos ganaron de mano. Y apenas llegamos a la autopista, nos empezamos a franelear la entrepierna hasta lograr una espectacular reacción de nuestras pijas al tiempo que íbamos conversando de 'bueyes perdidos' hasta que no dimos más. Estacioné en la banquina, bastante lejos de la cinta asfáltica de la autopista y aflojándome el pantalón, me saqué la pija y le dije al Gonza que me pajeara y después me la chupara. 

El pibito, no se hizo rogar, y mientras comenzaba con una frenética paja y después con una fantástica felación, yo tiré hacia atrás el respaldar de mi asiento para estar más cómodo. Hice lo mismo con el respaldar del asiento del Gonza, sin que el pibito me dejara de chupar. Le bajé el jogging y el bóxer y lo comencé a pajear en 'paragüita'. No demoramos mucho en acabar. Estábamos re calientes y acabamos rápido. El Gonza en mi mano. Yo en su boca.

Después retomamos nuestro camino. En el pueblo, compré 'facturas' (masas dulces) y leche chocolatada para la merienda. Previa, a la misma, nos duchamos juntos, volvimos a besarnos y franelearnos y me dediqué a limpiarle bien el agujerito anal. Le expliqué que le iba a hacer varias lavativas con la 'pera' de goma. El pendejito se dejó hacer y me obedeció en todo. Finalmente, nos secamos recíprocamente y fuimos al dormitorio. 

La tarde estaba espléndida pero el ambiente del dormitorio, algo destemplado. Encendí la calefacción y aunque sabía que tener sexo con el Gonza podía traerme problemas, igualmente me dediqué a saborear a ese adolescente virgen que se me ofrecía en todo su esplendor. Nos volvimos a besar y franelear un buen rato, hasta que le pedí hacer un '69'. Así, mientras el Gonza me felacionaba, yo chupaba, ensalivaba y dilataba, con mi lengua primero y mis dedos después, su agujerito anal. 

Cuando lo noté relajado, lo acosté de espaldas, puse sus piernas sobre mis hombros y apoyé mi glande en su agujerito anal. El Gonza gimió un poco. No fue fácil metérsela. Su agujerito virgen resistía mis embates. El Gonza quería pero yo no podía. Así estuvimos un buen tiempo, hasta que en un momento, el Gonza se relajó un poco y pude meterle mi glande ya totalmente lubricado. Después, la penetración fue más fácil. Yo me sentía en la gloria. 

Después, seguí lentamente, con el movimiento eyaculatorio por un largo rato. El Gonza que gemía por placer, por dolor o por ambas cosas, comenzó a masturbarse rápidamente hasta que eyaculó espectacularmente. Cuando yo ya estaba por 'acabar', me arrojé sobre el cuerpo del Gonza, lo besé en la boca y con movimientos ondulatorios lentos, 'acabé' (eyaculé) dentro de él, los hectolitros de leche que me sale cuando estoy muy caliente. El Gonza se había aferrado a mí, con piernas y brazos.

Después me recosté al lado y mientras nos besábamos en la boca, lamí su cuerpo y la poca leche que le quedaba en la pija. Por tener 16 años, el Gonza, tiene una linda pija y de dimensiones interesante. El mismo viernes por la noche y el sábado, como le dolía el culito y no quería que lo volviera a penetrar, debuté con el Gonza haciendo algo que nunca me habían hecho: permitirle al Gonza concretar una fantasía que tenía y que era lamer mis pies y los dedos de mis pies. Al principio, la idea mucho no me gustó pero después pensé que cada loco, tiene su tema y si realmente, el Gonza quería esto, era mi oportunidad para estrechar lazos con el pibito y llevar al éxtasis todos sus deseos. Realmente, el Gonza disfrutó haciendo esto y lo excitó terriblemente porque con solo meter los dedos de mis pies dentro de su boca, la pija se le puso bien erecta y comenzó a babear increíblemente. Así que, mientras se dedicaba a chupar mis pies, yo franeleaba lo que podía de su cuerpito, más que nada pija y cola y cuando estábamos por 'acabar', terminábamos haciendo un '69' espectacular, que repetimos varías veces en esas '26 horas calientes' que pasamos juntos y que nos prometimos que volveríamos a repetir muy pero muy pronto... jeeeeee...





martes, 10 de octubre de 2017

Los sonidos del silencio




Una de las cosas a la que no terminamos de adaptarnos de la vida del campo, tanto Luciano como yo, es al silencio y también a los sonidos, especialmente a los de la noche. Durante el día, como casi nunca estamos, no notamos nada. A la noche, llegamos tipo 21.30 o 22. Cenamos a más tardar a las 22.30 y ya hasta las 24 estamos totalmente libres. Durante ese corto lapso de tiempo, hacemos diferentes cosas y lo que percibimos, realmente, es algo muy peculiar. 

Ahora que estamos solos y que se presta para eso, decidimos cenar sin el televisor encendido. De esa manera podemos conversar y compartir todo lo que vivimos en el día. Y también sirve para mantener viva la llamita del amor y la pasión. Especialmente porque no tenemos mucho tiempo más, antes de irnos a dormir, que para unos mimitos, alguna 'franela' o paja/pete intercambiado pero muchas veces, ni eso. Nos damos una ducha rápida y nos vamos enseguida a la cama, generalmente, para descansar.

Extrañamos el calor de la calefacción. Acá no tenemos la calefacción que teníamos en la ciudad. Es mucho más romántico encender la leña del 'hogar' (chimenea) pero como demora años en encenderse, preferimos también, acá, la calefacción del gas. Por otra parte, el frio del campo, es muy distinto al de la ciudad y no tiene comparación. No se si serán los árboles que nos rodean o el ambiente abierto pero el frío de la madrugada, cuando salimos de casa, nos 'cala' (atraviesa) los huesos. 

Por suerte, el motor del auto enseguida calienta y aumenta rápido la temperatura del habitáculo. El Juanma se levanta mucho más temprano que nosotros y enciende las estufas a gas de la casa, para que, cuando nos levantemos, el ambiente al menos, ya esté templado. También nos tiene preparado el desayuno y el baño, por si alguno de nosotros, queremos ducharnos antes de salir. Un verdadero 'mayordomo' devenido en 'peón de campo' o al revés... jeeeeee...

También se ofreció a encendernos el fuego del 'hogar' mucho antes de que nosotros lleguemos a la noche. De ese modo, el ambiente estaría templado para cuando lleguemos. Pero el tiempo meteorológico de esta zona, está tan inestable, que muchas veces, tener encendida la calefacción está de más. Hay mañanas de 15º C, tardes de 25º C y noches de 5º C. Una locura! De ahí que es impensable encender los 'hogares' a leña. Quizás el año que viene, en la época invernal. 

A la noche, el baño caliente nos relaja y casi siempre nos dormimos al 'toque' (rápido).  Pero otras veces que nos hacemos el amor o tenemos sexo light o no tanto, nos desvelamos y son esos momentos, en que la noche de campo habla. Y habla de diferentes maneras: con silencios o con sonidos. Entonces, aparece esta particularidad de Luciano: ahora que estamos solos en el medio del campo son muchos más notorios sus temores. Qué tipo 'cagón' (miedoso) que es Luciano, por favor! 

De noche, cualquier ruido desconocido lo alarma. Me busca y no me quiere soltar por nada del mundo. Noches pasadas, que ya estábamos en la cama, sentimos pisadas afuera, en el jardín, cerca de la ventana del dormitorio. Luciano, literalmente, se me 'pegó' al cuerpo y no me dejaba mover. A duras penas, pude levantarme, con el abrazado a mí y mirar a través de la mirilla de la ventana. No pude ver nada porque estaba todo muy oscuro. Pero, el ruido cesó y nos volvimos a la cama.

No quise encender las luces del jardín para no alarmar al Juanma, porque esa, es una de las señales para avisarle que algo anda mal. La otra es hacer sonar un timbre que comunica nuestra casa con la suya y que debemos tocar cuando necesitamos ayuda. También hay otras alarmas, estratégicamente ubicadas, que iluminan 'a giorno' (de día), el camino de entrada, la tranquera y el bosquecito. Y por si fuera poco, emiten un sonido que parece que nos están invadiendo los extraterrestres... jaaaaa...

Así que estamos cubiertos por todos lados. Creo que nos faltaría un refugio anti-nuclear con provisiones, agua y aire por 12 meses, pero creo que sería demasiado exagerado... jeeeee... De todos modos, el ruido de pisadas, de las otras noches, nos 'cagoneó' (asustó) bastante. Por las huellas, que vio el Juanma, al día siguiente, dedujimos que era el 'petiso' (caballo bajo) del hijo adolescente del puestero de un campo vecino y que vino a comer el tierno y crecido césped de nuestro jardín. 

Las noches posteriores se siguieron escuchando ruidos producidos por vaya a saber qué o quiénes pero no le podemos dar 'bola' (importancia) a todos los ruidos, porque tampoco podemos andar 'cagados' (asustados) a cada rato. Hasta dentro de la casa escuchamos ruidos extraños. Pero son ruidos de la madera que rechina, materiales que se amoldan y muchas otras cosas que producen esos ruidos y que no escuchamos de día porque nuestros estados de vigilia son diferentes.

Luciano durante el día disfruta del campo, pero llega la noche, y lo tengo 'pegado' como si fuéramos 'siameses'. Para colmo, el Juanma, que es bien 'macho', cree en todos esos cuentos de fantasmas, aparecidos y seres demoníacos del campo y nos cuenta historias terroríficas, para gozar con nuestros miedos. De ahí, que espero que pronto se nos una el Tomi y la Agus o cualquier otro, cosa que no seamos solamente los dos, los asustados (mal de muchos, consuelo de tontos)...

Y más allá de los ruidos, como contrapartida, los silencios también son terribles. A veces, muchas, cuando no hablamos o no hacemos ruido, se producen grandes momentos de silencio, densos, espesos, que casi se pueden rasgar, en los que no se escucha absolutamente nada y que pareciera que el mundo hubiera dejado de girar y la vida misma hubiera dejado de existir. Fue en uno de esos momentos, en los que se produjo un verdadero 'pozo' de silencio, cuando Luciano me dijo:

- Luciano: escuchá!

- Yo: qué?

- L: el silencio!

- Y: ...

Jaaaa... Que loco! Cómo voy a escuchar el silencio? Pero no por ilógico, deja de ser real. Hace pocos días que estamos viviendo en el campo y ya estamos en el límite de la locura: escuchamos 'los sonidos del silencio'... Por favor! Ni siquiera nuestras mascotas ayudan: el gato de Luciano se desplaza en el más absoluto de los silencios y maúlla solamente a la noche, cuando llegamos o siente hambre. El perro de la Agus, de no haberle ladrado y corrido, el primer día, a una bandada de palomas, que estaban picoteando entre la gramilla de la entrada, hubiéramos creído que es mudo. Así que, entre los ruidos más inespecíficos y los más absolutos de los silencios, que se producen durante la noche, además de algunas cosas que nos pasan durante los fines de semana, va transcurriendo nuestra vida de 'putus ruralis' en el medio de la pampa argentina.







martes, 3 de octubre de 2017

Excitados




El título y el contenido del post se refieren a las exteriorizaciones que expresaron el Gonza, el Colo y Carlitos, respectivamente, cuando nos reunimos, en diferentes días y momentos. Los diálogos fueron en la misma semana con pocos días de diferencia. Y en el que se plasmaron diferentes actitudes y comportamientos, de cada uno de ellos, ante un mismo hecho: la relación amistosa-afectiva-sentimental que estamos llevando.

Gonzalo.

Con el Gonza, nos vemos todos los días en el colegio, tenga o no clases conmigo. Siempre anda cerca, revoloteando como una abeja alrededor de una flor. Pero no anda solo. La mayoría de las veces, lo hace acompañado con otros 'pibitos'. La última vez que hablamos fue en el gabinete, solo los dos, y por un tema recurrente: cuándo pensaba cumplir con mi promesa. Le expliqué que ahora que mi viejo se mudó a mi casa, las posibilidades de poder llevarlo a mi casa era imposible. 

Así que iríamos a lo de un amigo, que me prestaba su departamento amoblado y que no usaba. Así que quedamos en vernos algún día de la semana a la tarde. Y aunque me prometí que no volvería a tener ningún tipo de actividad sexual en el colegio, no pude aguantar, y le dije al Gonza, que me haga una felación, que guié como la primera vez mientras él se masturbaba. Después que 'acabé' (eyaculé), esta vez dentro de la boca del Gonza, terminé de masturbarlo hasta que eyaculó él también. 

Así que, mientras nos acomodábamos la ropa, el Gonza me dijo que esperaba que cumpliera pronto con mi palabra y se fue sonriendo, no sin antes besarnos varias veces en la boca. Dejó que le acariciara las nalgas haciéndole prometer que su 'cola' (culo) sería sólo para mí y que únicamente yo iba a poder hacerlo mío y penetrarlo todas las veces que yo quisiera. Me dijo que sí y que sino conseguía lugar, podíamos coger/follar ahí mismo, total, no 'jodía' (molestaba) nadie... 

Carlitos.

La charla con Carlitos fue por caminos diferentes. Ninguno de los dos, al principio, quería tener sexo. Lo único que queríamos, era aclarar la situación por la que estábamos atravesando y más que nada para saber cómo movernos y cómo quedaba yo en la nueva situación, al 'salir' él con Luciano. Especialmente, para que no intentara 'blanquear' nuestra relación. Y también para saber si ya no íbamos a tener nunca más, algún tipo de acercamiento de índole sexual. 

Carlitos me dijo que por más que Luciano 'blanqueara' su relación con él, no tenía que cambiar nada entre nosotros. Él quería que siguiéramos teniendo sexo como siempre, sin que Luciano lo sepa. Así que Carlitos piensa convertirlo a Luciano en otro 'cornudo', aunque a diferencia mía, Luciano será un cornudo 'inconsciente'. Y que dejaba a mi criterio, que yo le dijera o no algo a Luciano, cosa que obviamente, no va ni tiene por qué ocurrir.

Y como estábamos adentro del auto, conversando sobre esto, nos empezamos a 'meter mano' (acariciar) por sobre el pantalón, hasta que logramos excitarnos y se nos paró la pija. La 'cosa' era: hacernos una 'paja' (masturbación) intercambiada o intentar una felación, de uno al otro o ir hasta el departamento del Gasti, que estaba relativamente cerca, y darnos todos los permisos para tener el sexo que tenemos siempre. Y bueno, optamos por seguir la tradición... jeeeee...

Colo.

Nos habíamos puesto de acuerdo con el Colo, en encontrarnos a la tarde. Tenía clase hasta las 18 hs y luego no tenía planes. Así que lo pasé a buscar por la facultad de derecho y de ahí nos fuimos a un bar del que nos estamos haciendo habitués en cada una de nuestras salidas. Durante el camino, simultáneamente, mientras conducía, 'franeleé' (acaricié) la entrepierna del Colo hasta que se noté la dureza de su pija erecta. Le desabotoné el pantalón y le bajé el 'cierre' (cremallera). 

En uno de los semáforos 'largos' metí mi mano por abajo del bóxer y le saqué la pija y lo comencé a 'pajear' (masturbar). El Colo estaba incómodo ante tantas muestras de 'calentura' (excitación) mía. Como comenzó a llover intensamente y a soplar un fuerte viento, decidí estacionar en parque cercano y dedicarme a saborear la pija endurecida del Colo. Pero, el Colo estaba intranquilo. No le gusta para nada tener sexo, aunque sea light, en lugares públicos, por más que llueva y no hubiera nadie cerca. 

El polarizado más el empañado de los vidrios, hacía que no se viera nada de lo que pasaba en el interior del auto. Bajé el respaldar del asiento y le pedí al Colo que se relajara y comencé la felación. Al ratito, nada más, pasó un grupo de pibes, de un club cercano, haciendo 'footing' (trotando), gritando y riéndose y se terminó lo que se daba. No hubo dios que convenciera al Colo a continuar. Enderezó el respaldar del asiento, se acomodó la ropa y dio por finalizada mi felación.

Así que le dije que fuéramos al departamento del Gasti. Que íbamos a estar tranquilos y que nadie nos iba a molestar y tutti quanti. Pero no quiso. De por sí, el Colo, en general, es un tipo medio 'frío' (inexpresivo) y con el susto, se había convertido en hielo. Yo tenía una 'calentura' (excitación) que era de no creer, pero el Colo, hacía lo del perro del hortelano: 'ni comía ni dejaba comer'. Tampoco quería hacerme nada. Ni siquiera una simple paja. Así que lo llevé hasta cerca de la casa y, antes de bajarse, me prometió que en nuestro próximo encuentro iríamos al campo y me devolvería con 'creces' lo que yo quería de él. Así que quedamos así. Un sábado pasaría a buscarlo a la mañana temprano, iríamos al campo y nos haríamos el amor durante todo el día hasta quedar 'secos' (sin leche). Veremos. Ya lo dice el refrán: 'cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía'... jeeeee...