lunes, 26 de agosto de 2019

Buen presagio 2




El regreso de todo el grupo, me permitió hablar con Pablo y ver cuáles eran los siguientes pasos.  Después de palpar concienzudamente la lesión de Diego, Pablo concluyó que no había fractura. Así, que estuvo conforme con lo que yo había hecho. Y a pesar de que él era la voz cantante, intercambió conmigo, algunas ideas en las que coincidimos. Una, era que Diego no apoyara el pie lesionado, así que prefería que se quedara a dormir ahí conmigo y no se trasladara a la habitación donde dormía.

Las otras opciones, las tomé yo unilateralmente. Debido a la inmovilidad de la pierna, era imposible que Diego se pudiera meter en su bolsa de dormir. Así que, como había hecho con el Gonza, aunque sin erotismo, uní las dos camas, abrí mi bolsa de dormir, que es matrimonial y que tiene un enorme cierre que la circunda. Así, Diego y yo, no tuvimos ningún inconveniente de quedar dentro de la bolsa y para evitar golpear la lesión de Diego, traté de mantenerme bien alejado.

Igualmente, la cercanía física hizo que nos hiciéramos bromas y nos dijéramos frases con doble sentido. Diego conocía mi orientación sexual y aunque yo no conocía la de Diego, mi radar gay que muy pocas veces se equivocó, a través de mi pija, me decía que ese chiquito, era tan gay como yo. Y sino lo era, yo podía estar seguro, de que iba a encontrar en él, una respuesta positiva si me decidía a 'encararlo' (seducirlo). Embromamos bastante hasta que nos dormimos y todo terminó ahí.

A la mañana siguiente, luego del desayuno emprendimos el regreso, no sin antes hacer un par de paradas para comprar recuerdos y de paso, para que la guardia médica del pequeño hospital del pueblo, viera la lesión de Diego. Para evitar problemas, la médica de guardia, además de revisar concienzudamente a Diego, le ordenó un par de radiografías para descartar que hubiera una fractura y al tener resultados negativos, le prescribió calmantes antiinflamatorios y la inmovilización del pie.

Pero, como le dijimos que estábamos regresando y no había posibilidades de alquilar una bota Walker como aconsejaba, decidió hacerle una férula para evitar que Diego pudiera mover la articulación y provocar una lesión mayor. Con esa precaución emprendimos el regreso y para evitar cualquier ulterioridad, recostamos a Diego en el último asiento del piso bajo del ómnibus, mientras que el resto del contingente, lo hacía en la parte alta.

De tanto en tanto, alguna de las catequistas, iban a verlo o a hacerle un rato de compañía a Diego. Pablo, nos había reunido a todos los docentes para evaluar las 3 jornadas y los pibitos eran cuidados por los del movimiento juvenil. Así que Diego, viajaba sin compañía. Yo fui un par de veces, porque además de ser su ángel de la guarda, tenía ganas de 'avanzarlo' (seducirlo). Estaba casi seguro que el pibito estaba más que receptivo a mis avances pero tenía que hacerlo con cautela.

En Córdoba capital, nos detuvimos a almorzar y después fuimos a recorrer el Patio Olmos, el shopping más lindo y conocido que tiene la ciudad de Córdoba. Para almorzar, no hubo problemas, porque Diego, ayudado por mí y otro chico  y saltando en un pie, pudo llegar sin problemas a la mesa del restaurante donde almorzaríamos. Pero para recorrer todo el shopping, saltando en un pie, no lo iba a poder hacer, así que me ofrecí quedarme con él y volver al ómnibus.

Así que eso hicimos. Mientras el grupo se iba a recorrer el shopping y los alrededores, Diego y yo, junto a los choferes del ómnibus, regresamos al mismo. Diego, se apenó que yo no participara de la actividad con el grupo pero lo tranquilicé diciéndole que ya había hecho esa actividad en julio, cuando vinimos con el otro tercer año y que además, gozaba de su presencia y me gustaba estar con él y que me parecía que a él, le pasaba lo mismo.

Así fue que, recostado en uno de los asientos, me senté al lado de Diego, levanté sus pies y los puse sobre mis piernas y le pregunté si le molestaba o le dolía la posición. Diego me dijo que no. Así que, sin pensarlo mucho, me tiré a la piscina. Apoyé mi mano sobre su mano pero no le dije nada. Diego tampoco dijo nada y ni siquiera hizo el además de retirar la mano. Le acaricié con mi dedo, sus dedos, al tiempo que le pregunté, si lo 'jodía' (molestaba). Diego me dijo que no.

Entonces, decidí ir más allá. Dejé de apoyar mi mano sobre la suya, y la fui corriendo hasta muy cerca de la entrepierna. Diego solamente me miró. Pero yo no seguí avanzando con mi mano. La detuve antes de llegar a su bulto y tocarle la pija, que se notaba que estaba casi erecta, aunque la erección estaba bastante disimulada por el jogging que tenía puesto. En ese momento, le recordé que yo era gay y le dije que si le 'jodía' (molestaba) lo que estaba haciendo, me lo dijera sin problemas.

También le dije que él me gustaba y que me parecía que yo también le gustaba a él. Pero que no me contestara sino quería y que el silencio, era suficiente respuesta para mí. Diego no me contestó nada pero me miró a los ojos. Le dije que era una lástima lo de la lesión pero sino hubiera sido por esa lesión, nosotros nunca nos hubiéramos contactado. También le dije que me gustaba, no solo físicamente sino también por su forma de ser y todo eso.

Además, le pregunté si él también sentía algo, ya que no quería abusar de él, haciéndole hacer algo que no quisiera. Diego no me contestó. Y cuando le pregunté si alguien sabía que él era gay, me dijo que no y que nadie sabía que le gustaban los hombres. Le dije que no se preocupara que iba a quedar como secreto entre nosotros. Y dicho esto, apoyé mi mano en su sexo y se lo comencé a masajear mientras lo miraba. Diego me miró unos segundos y después, cerró los ojos y me dejó hacer.

Yo metí mi mano por debajo del jogging y del boxer, y sacándole la pija parada, comencé a masturbarlo lentamente. Unas gotitas de líquido pre-seminal salieron casi inmediatamente, las que lamí con la punta de mi lengua, al tiempo que mojaba con mi saliva, aquel hermoso glande que Diego me ofrecía. Mientras seguía masturbándolo despaciosamente, me introduje toda la pija de Diego en la boca. En ese momento, escuché voces afuera.

Obvio que inmediatamente dejé de hacer la felación y mientras Diego retomaba su posición, yo fui a ver qué pasaba. Era una de las catequistas, que con tres nenas, estaba hablando con los choferes. Luego, subieron al ómnibus y como vieron que estábamos en el piso bajo, se quedaron con nosotros hablando de 'bueyes perdidos'. El resto del grupo, no demoró mucho en aparecer. Apenas había bajado un poco el sol y había comenzado a hacer frío.

Era la hora justa para regresar y llegar a Rosario, a la medianoche como estaba planeado. Durante el resto del viaje de regreso no pude volver a estar solo con Diego. De no creer! Me quedé super caliente! Ni siquiera tuve la precaución de intercambiar números de celular con Diego! Obviamente, que eso no era problema, porque no sería difícil localizarlo. Lo difícil será volver a crear todo el clima de nuevo... Había sido fácil seducir a Diego, porque estaba acorralado entre los asientos vacíos y totalmente inmovilizado. Pero, sin esas condiciones, se comportaría igual? En condiciones normales, me iba a resultar tan fácil acceder a él? Difícil dar una respuesta. Aunque como dice una de mis frases favoritas, 'las cosas no pasan por casualidad, sino porque se las busca'... Y yo estoy dispuesto, a buscar una nueva oportunidad para volver a estar a solas con Diego... Jeeeeee...




miércoles, 21 de agosto de 2019

Buen presagio 1




La verdad que los 3 días pasaron sin pena ni gloria. Los 3 días son de las jornadas de convivencia que hicimos en las sierras de Córdoba. La verdad que fui porque, últimamente, docentes del colegio no quieren ir y eso que las ventajas son muchas: se paga doble (triple si es feriado) y se compensan los días perdidos en permisos para faltar por 'causas personales' en cualquier momento del año. Además, de otras ventajas, como es la de poder hacer un 'parate' (alto) y pasarla bien durante un fin de semana.

Y como los docentes en general no quieren participar, ya que la actividad es optativa, se recurre al equipo de la pastoral (los que dan catequesis) y si se sigue sin poder reunir a la gente necesaria, se hace extensiva la invitación al grupo juvenil de ex-alumnos y en el caso de que aún, no cierren los números, se recurra a alumnos de 5º año, como se hizo en las primeras jornadas de convivencia que se hicieron en las vacaciones de invierno del mes pasado (julio).

Igualmente, como en las jornadas de julio, participamos docentes y no docentes de todos los estamentos del colegio. Y hasta la noche del último día, no pasó nada de nada. Todo se desarrolló como estaba planeado por la gente de la catequesis pastoral y también por Pablo. Los pibitos, como en cualquier grupo, había de todo, algunos 'diositos' y muchos 'no diositos'. Yo socialicé con todos pero no le puse 'fichas' (deseos no sanctos) a ninguno.

Esto es porque entendí (tarde) que estaba haciendo algo parecido a lo que hizo el hermano Reinaldo conmigo y con otros chicos, así que me prometí a mí mismo, no repetir esa experiencia. Salvadas las diferencias, porque yo era chico y no sabía o no tenía muy en claro cual era mi verdadera orientación sexual y en este caso, los chicos no son tan chicos (las edades van de los 13 a los 17/18 años) y solamente, me 'metí' (relacioné) de alguna manera, con chicos que son gays (Carlitos y el Gonza). 

Así que por motu proprio decidí suspender todo tipo de 'acercamiento' (seducción) con cualquier otro chico que sea alumno del colegio. Así que por ese lado, en este viaje, solamente compartí con el grupo conversaciones, juegos y momentos de estudio, pero no hubo segundas intenciones en los acercamientos. Hasta la noche del último día. Después de la cena, las catequistas habían programado la visita a una ermita cercana, donde se haría la 'revisión de vida' (una síntesis personal de lo vivido).

Ahí, a mi entender, fallamos los docentes, porque de día, el camino a la ermita está bien señalizado y no hay peligro ninguno, pero de noche... De noche, la oscuridad del lugar (un sendero de casi un km que serpentea entre las sierras) hace que se vuelva un poco peligroso, especialmente, por los tropiezos, resbalones y caídas, que se produjeron en diferentes circunstancias. Una de ellas, fue la de uno de los chicos del movimiento juvenil, que pisó mal y se dobló el pie.

Al principio, incluso para Diego (así se llama), fue nada más que eso: una torcedura de pie. Pero, a los pocos metros, ya no podía apoyar el pie y le dolía mucho. Era impensado, obligarlo a que siguiera caminando los metros que quedaban para llegar. Tampoco 'daba' (era posible) dejarlo allí, en ese lugar, abandonado y a la espera que nosotros regresáramos. Así que se decidió allí mismo que uno de nosotros, regresara con Diego a la casa, para procurar al menos, brindarle los primeros auxilios.

Así que sin mucha deliberación, decidimos que yo sería quien acompañara a Diego, en el camino de regreso a la casa, mientras el resto, seguía con la actividad programada. Diego quiso ver su lesión y no tuvo mejor idea que sacarse la zapatilla y la media para observarse el pie con la luz de la linterna. El tobillo se le había hinchado mucho y no hubo Dios, que le pudiera poner nuevamente la media y volver a calzarse. Le dolía a mucho y comenzó a gimotear. Para colmo, el frío era intensísimo.

Fue imposible que se calzara y más que imposible hacerlo caminar. Así que decidí llevarlo a 'cocoyito' (a horcajadas) en mi espalda. Por suerte, Diego, es delgadito. Me hizo acordar mucho a Luciano y creo que todo lo que hice, lo hice pensando en Luciano. Así que, mientras Diego me iluminaba el camino, yo, muy cuidadosamente, fui desandando el sendero hasta llegar a la casa. Una vez allí, lo recosté en un sillón, puse su pie en alto y fui a buscar hielo para poner sobre la lesión.

El jogging chupin que tenía puesto, me impedía que arremangara el pantalón para poder aplicarle el hielo. Y mucho sentido no tenía, quitarle los pantalones, allí, en la sala, a la vista de todo el mundo, cuando regresaran. Así que decidí, volver a cargarlo a mi espalda y llevarlo a nuestro dormitorio, donde lo recosté en la cama de Pablo. Por suerte, habíamos dejado encendida la estufa eléctrica y el ambiente estaba tibio. Allí acostado sobre el cubrecama, le pedí a Diego que se quitara el pantalón.

Como Diego estaba muy dolorido, lo ayudé bastante para quitarse esa prenda. Me costó mucho sacarle la parte lesionada pero no me quedó otro remedio que pedirle que aguantara el dolor un segundo. Apenas Diego se quedó sin el pantalón, con sus manos cubrió su sexo. Yo me hice el desentendido, pero tenía la pija casi erecta. Estaba dolorido y excitado al mismo tiempo? Para evitar problemas, le cubrí las piernas hasta la cintura con la frazada de mi cama.

Le dí de tomar un comprimido de ibuprofeno y con el hielo sobre la lesión, esperamos el regreso de Pablo, quien como jefe del contingente, era quien tomaba todas las decisiones. Mientras, tanto, apagué la luz grande, encendí el velador de la mesa de luz, me senté al borde de la cama, y comenzamos a hablar con Diego, de bueyes perdidos. Yo mucho no lo recordaba. Diego me contó que había sido alumno de 5º año del colegio, el año que yo entré como psicopedagogo. 

O sea, que hacía 3 años que había terminado el secundario. Es decir, que tenía 20 años. Casi, la edad de Luciano. Estaba estudiando la licenciatura en ciencias de la educación y había ingresado en el grupo juvenil de los ex-alumnos, apenas terminó el quinto año. Pensé que se iba a cohibir al hablar conmigo, pero contrariamente a lo que pensé, se comportó con total naturalidad. Incluso, haciéndome el 'perrito al que se lo están culeando' (desentendido), avancé un poco. El pibito me atraía lo suficiente y aunque no era un 'diosito' se acercaba bastante a esa categoría. Diego, en un momento, me agradeció lo que estaba haciendo por él. Le dije que no me diera las gracias porque lo estaba haciendo de buena onda y aunque no nos conocíamos bien, podíamos ser amigos porque me parecía que era muy buen chico y que nos podíamos llevar más que bien. Y al decir esto apoyé mi mano sobre la frazada que cubría su muslo, muy cerca de la entrepierna y lo miré a los ojos. Diego me miró a los ojos y no dijo nada. El rumor de voces cercanas me avisaba que el 'pendejaje' (pibitos) había regresado. Le dije a Diego que iba a hablar con Pablo para que me diera instrucciones sobre qué hacer y que enseguida volvería... (sigue)




miércoles, 14 de agosto de 2019

Cambio de actitud




Si alguno de ustedes conociera a mi viejo, me daría la razón: es todo un personaje del que habría que escribir un libro, hacerle una canción o filmar una película. Es un tipo tan pintoresco en todo sentido que es de no creer. Claro que también, así como tiene muchas cosas positivas, también tiene muchos defectos, entre ellos su displicencia. Es uno de los defectos más grandes e importantes que tiene. Es indolente y apático, pero durante un tiempo. Pasado ese tiempo y no sé por qué circunstancia, cambia esa apatía por un entusiasmo nato y borra con el codo, lo que escribió con la mano.

En una palabra, deshace todo lo que hizo mal o dejó de hacer. Nosotros, decimos que tiene su tiempo. Y es así para todo, para lo importante como para lo circunstancial. Esta descripción viene en relación  a que hace como 6 meses, teniendo en cuenta que él se relaciona con mucha gente, que le pedimos que viera la posibilidad de conseguirle trabajo a Luciano. Claro que ese mismo pedido se lo hice a mi vieja, a los Lucchessi y a los directivos del colegio. Pedido que hice 'al pedo' (sin sentido) porque los conozco y sé que no van a poner mucho entusiasmo para conseguir nada.

Menos esfuerzo van a poner los curas del colegio, que saben que Luciano es mi pareja y con todos los bemoles que tienen los curas contra los gays. Así que siempre prefiero a mi viejo, que tarda muchísimo para concederme cualquier cosa, pero la respuesta es siempre positiva. Y esta vez llegó, 6 meses después, una noche de temperatura invernal, cuando, sin avisar nada, pasó por la nueva casa vieja a la hora de la cena. Nosotros estábamos solos, cosa bastante rara, porque casi siempre Carlitos o el Pela y algún que otro 'pollito' se quedan a cenar en casa y nos hacen compañía.

Esa noche, mi viejo pasó por casa para decirnos que le había conseguido trabajo a Luciano. Y que los ofrecimientos eran dos. Uno para trabajar como administrativo en una compañía de seguros y el otro, en la secretaría de la gerencia, del sanatorio donde trabaja mi viejo. Y a Luciano, le ofrecía el puesto de administrativo, porque sabía que Luciano, no iba a querer trabajar con él, porque se sentía incómodo en su presencia. Y ahí, me di cuenta, que aunque no lo notemos, estamos cambiando y madurando. Luciano, le dijo, que quería cambiar esa actitud y para eso, lo invitó a quedarse a cenar.

Y también le dijo que aceptaba trabajar con él. Yo me inclinaba por el de empleado administrativo en la aseguradora, pero Luciano eligió trabajar con mi viejo. Y le dijo que él tenía vergüenza que mi viejo supiera que él hacia de 'mujer', es decir, que era el pasivo de nuestra pareja, pero que le parecía que para superar esa vergüenza, pensaba que trabajar con mi viejo era la mejor manera de resolver ese tema. Mi viejo, le dijo que lo importante no era el rol que teníamos en la pareja, sino que él (Luciano, se entiende, no?) fuera feliz, que me hiciera feliz a mí y que ambos, fuéramos felices.

Y que recordara que la vida es una sola y que habíamos venido al mundo para ser felices y construir un mundo mejor y más bueno. Y que ese era nuestro destino y que no importaba que esos objetivos, los encontráramos quedándonos solteros o compartiendo nuestra vida con una mujer o con otro varón. Y que lo importante es ser felices más allá de la orientación sexual o del rol sexual que tengamos dentro de la pareja. Y que de última, tampoco tenía que importarle a nadie más que a nosotros, como conseguíamos esa felicidad.

Y que no tenía que importarnos, lo que pensaba nadie, ni cercano ni lejano. Que la felicidad estaba en nosotros y en nadie más y que si éramos felices, esa felicidad era lo que más importaba. Luciano lo escuchaba en silencio y yo retrotraía en mi memoria, el día que tuve que reconocerle que era gay. Cuando dejó de hablar, Luciano se paró y abrazó a mi viejo y el muy boludo de Luciano se puso a lagrimear y me hizo lagrimear a mi también y a mi viejo, creo que le faltó poco. Y mi viejo, terminó diciéndole que se alegraba que hubiera decidido dejar de lado esa vergüenza que sentía, ya que lo único que tenía que importarle, era el amor que nos teníamos recíprocamente, Luciano y yo. Y lo que hiciéramos, puertas adentro de la casa, era cosa nuestra y que sólo a nosotros y a nadie más le tenía que importar. Y que esperaba que ahora, que iban a trabajar juntos, empezara una nueva etapa, en la vida de relación de ellos dos, como suegro y yerno, de nosotros dos como pareja y de todos como familia... Jeeeeeee...